
Mirá lo que me compré vos Rex, me dice Chilo, y me enseña una estuchito con diez desarmadorcitos de varias formas y tamaños. Le pregunto que para qué pisados los quiere y me contesta que no sabe pero que pela la verga porque sólo le costaron cinco varas. Chilo es el típico cerote que lo que ve quiere, tan fácil de engatusar que si fuera puta ni cobraría. En su cuarto tiene una mesa repleta de mierdas que compra en las burras: bolsitas de menjurjes y montes para malestares múltiples, llaveritos de fantasía, lapiceros de ocho colores, set de tijeritas para uñas encarnadas, libros de cómo rellenar documentos importantes (incluyendo cartas de amor, ojo), billeteras de cuerina de lagartija, libros para pintar (de Dumbo, Teletubis, etc), pulseritas multicolor anti-toda-mierda, encendedores chafa, ungüentos quitamanchas, discos piratas de Pimpinela, dulces, chicles y confites de dudosa procedencia (ojalá les zamparan drogas, imagínense el pijeo que se volvería en las burras), etc. Si hiciéramos cuentas de todo el pisto que se ha gastado el cerote en tanta mierda inservible, le alcanzaría, por lo menos, para pagar un par de lirios de vez en cuando. Ah no, pero el mierda prefiere “ayudar a la mara” y comprar ondas “que en cualquier momento puede necesitar”. Uno nunca sabe, vos, me dice, el otro día me salió una ronchita en el güevo y me eché una pomadita pisada de esas y al día siguiente como si nada, vos. Eso sí, olía como a ajo y me ardió un cacho, pero qué pisados.
La mierda es que en Mulamala, supuestamente, todos nos estamos muriendo de hambre. Sé que hay mara que la verdad es que está palidiando, pero también sé que hay otros que en la pobreza han encontrado su modus vivendi. ¡Ahí está el detalle!, diría San Cantinflas de los Bigotíos de Axila. ¡Cuánto pisado no se sube a las burras a vendernos babosadas, muchá! Mareros mierdas que se convirtieron al Evangelio y con esa su casaca pisada de “no vengo a robarte, mi hermano” creen que “tema resuelto, cómo no, borrón y cuenta nueva”. Te ponen una cara los pisados y entre cita bíblica y testimonios de a cuántos pisados asaltaron a punta de cuete, te dejan ir los talegazos (mensaje subliminal, pues, como en los discos de Thalia al revés) para que les des pisto y vos, con tal de que no vayan a pelar cables los hijos de puta, acabás dándoles billete a cambio de una calcomanía con algún dibujito y una frase cursi. Agarrándonos de mulas. ¿Qué más? Ah, sí, si no son mareros o drogos, son predicadores. Cuando sentís, entre cabeceo, acelerón y frenazo, ya se subió un pisado, biblia en mano y/o guitarra, a echar casaca sobre el fin del mundo, el arrepentimiento, las buenas acciones y la gran puta. Según vos, el cuate sólo va echar punta con alabarés y no va a lucrar porque su misión en este Valle de Lágrimas es e-v-a-n-g-e-l-i-z-a-r, pero resulta que no, que no es ésa su misión. Igual que Cash Luna (…de Xelajú), su pedo es sacarte vara, un par que fichitas, aunque sea. Lo que sea tu voluntá, varón, Dios te devolverá el doble, te aseguran poniendo cara de mango mallugado. En fin, agarrándonos de mulas.
Si no son esos mierdas, es la mara que supuestamente se quedó sin su pasaje de retache (con todo y la fanta) a un lugar que “siempre” queda hasta la verga, y resulta que no han comido desde ayer y resulta que les pusieron allá por el Trébol y resulta que ya sólo les falta no sé cuánto y resulta que hoy por ti y mañana por mí y pata-tin, pata-tan… Agarrándonos de mulas. O si no, los pobres ixtos que se hacen los sordomudos y pasan de lugar en lugar dejandote chivas en las piernas. Algunos a lo mejor son “originales”, pero no todos. Cuando el güiro haya pasado de su lugar, díganle: ¡vos, chavo! y ahí me cuentan. O si no, los eternos enfermos o sus supuestos familiares: el cuate que necesita medicina carísima porque sufrió un accidente, el don que tiene a su patoja internada en el San Juan de Dios o, como la última, la doña que anda recolectando para una caja de muerto. ¡Llevan meses con el mismo cuento! ¡Resulta que a la doña cada sábado se le muere alguien y no tienen pa’ la caja! Te enseñan un vergo de papeles con firmas y sellos (que no vas a leer, a güevos) y ¡pum!, ya vas sacando un quetzalito para que la mara no diga que qué desalmado, que qué pura mierda o que qué agarrado es uno. ¿Díganme si miento? ¡Y sólo estoy hablando de los que se suben a las burras! ¡Faltan los callejeros! ¡Puta, noooooo! Agarrándonos de mulas. Así de fácil.
Dicho lo dicho, cualquiera de ustedes me estará sacando la madre. Va, lo acepto, en lugar de corazón tengo un adoquín, pues. El corazón se lo di en trocitos a los marranos de mi difunta tía Julita y por eso soy así. La mierda es que en Mulamala se muere de hambre el quiere, el que espera que le caigan las mierdas del cielo. ¿Acaso no somos lo suficientemente mulas para agarrarnos de mulas entre nosotros? Piénsenlo bien. Es una cadena pisada. Así vivimos. Pistío fácil. Casaca fina. Al suave, viejo. No me ignorés. No voltiés a ver a la ventana. Al güiro que por lástima le das pisto, lo está esperando su viejo para pedirle cuentas y al viejo lo están atalayando los dilers, por ejemplo. Un pequeño eslabón de un engranaje pisado gigantesco. ¿A dónde putas va a parar rialmente el pisto que nos sacan? ¡Sepa putas! Pero raras veces creo que sirva para lo que supuestamente nos dijeron. Antes era otra cosa. Se subía un pisado o dos por semana, como mucho. Pero ahora, ahora la mara tiene hasta organizados sus trayectos. Hay sindicatos, horarios y comisiones. Hay vergueos si alguien se cambia de zona sin previo aviso. Hacen convivio navideño. Hay compadrazgo y también orejas, para que no haiga tushte. Hay una cúpula intelectual: los que cranean las “casacas” y los “inventos” para salir a agarrarnos de mulas. En fin. Otro orgullo de Mulamala. Al menos no andan güeviando, me dice Chilo, que acaba de usar un quitacheles (comprado en la 40R) y tiene los ojos como si ‘biera estado cuajado tres días, todos puspos. Ahí sí, Chilo, toda la boca atascada de razón, le digo más o menos convencido.
Ilustración de Fermín Solis © 2007