
Para estas fechas, entre un gran nubazal de incienso, soportando aquel chilacazo del gentío pisado, el olorón a corozo y las inconfundibles notas de las marchas procesionales, se me aparece la imagen de Esvin, un cuate que conocí en los básicos y que acabó de pastor de la Iglesia Arca de la Alianza Judeocristiana del Último día en que Job sacó a pastar a sus Ciervos, Ovejas y Terneras Prietas. De güiro, fue un ejemplar-cucurucho-aspirante (era un tipunquito pisado que ni a patadas pasaba del 1.15, para qué hablar pajas), pero cuando pegó el estirón se convirtió en solemne-hermano-cargador y ahí se sintió en su mera salsa. Su engase era la Semana Santa o, mejor dicho, la Cuaresma, porque desde el Miércoles de Ceniza no paraba de invitar a la mara para que cargaran con él en tal procesión o lo acompañaran a medirse o a comprar costales y añilina para la alfombra que iba a hacer con los del taller (chambiaba en “enderezao y pintura”), etc. La única vez que fue a misa fue para su Primera Comunión, pero, según el mismo decía, no había nadie más devoto por el Señor de la Caída y por el Santo Cristo Yaciente que él en todo Jocotesburgo. Infaltable en quermeses organizadas por Hermandades, velaciones, hechura de alfombras y procesiones, se ponía para vergazos cuando lo chingábamos: ¡Parecés sayón vos hijueputa!, le decía un mi cuñado porque la dos túnicas que tenía no sólo le quedaban cutas sino que además jamás las planchaba y las tenía más desteñidas que el calzón de la vieja. Esvin, si querés rifamos a tu hermana y que te quede la mitá para comprarte tres cuartos de satín aunque sea. ¿Se pelaba la mara, vaa?
Como en Mulamala nos la llevamos de muy religiosos, cualquiera podría pensar que Esvin era un ejemplo de fe, devoción y temor de Dios, ¿no? Si cabal ahorita estan diciendo sí con la cabeza, están aventaos a la verga porque el mula ése era un ejemplo, sí, pero de TODO lo contrario. Que hay no hay que hartar carne todos los viernes, y ahí iba el cerote organizando churrascos y encargando chicharrones desde un día antes. Que no hay que hacer chanchuy para cargar y ahí iba el mierda a pistear a los de la Hermandá o a pedirle a Oso (un cuate que le sacaba una cuarta de hombro) que se midiera por él para sacar la 3 en la de SanFe. Que hay que ir bien arreglado para cargar y el talega aparecía siempre con unos sus Tritón blancos y enpantalonetado. Que hay que procurar hacer el recorrido completo de la Proce y el mierda no sólo llegaba crudo sino que sólo se metía un rato (las dos veces que le tocaba cargar) y de ahí se salía a echar chelas de caseta en caseta. Que había que mantener el orden y el respeto en las filas de cucuruchos y el cerote te iba metiendo talegazos en la espalda y quitándote el capirote (o si no, majiando al pobre maistrito de adelante: le tocaba la espalda para que parara cuando atrás venía el de la Hermandá diciendo: vamo-señores, andando-señores). Que había que tener cuidado con las alfombras el Viernes Santo en la madrugada y ahí iba el pisado haciéndose el a verga y pasando encima sólo por chingar o armar vergueo (una vez sacó a su chucho después de no soltartlo del naranjal durante un año y ya se imaginarán el resto de la historia). Que es tiempo de abstinencia, de oración y de reflexión y el nene lo único que hacía era envergarse, tronarse su quincena onde las putas, salir a buscar culos el Jueves Santo, echar mano en las aglomeraciones y salir incensariando en las procesiones de la Vírgen, ¿para qué?, pues para ver culos.
Una vez, le quiso dar verga a unos pobres pisados que iban de romanos la madrugada de Viernes Santo, para lo de la Sentencia. Según él, uno de ellos había matado a Jesús, pero como todos eran iguales, ya no hallaba a quién dejársele ir. ¡’Jos de puta, mataron a Yisus! ¡’Quitungüevo si no!, gritaba el cerote, bien a verga, casi chillando. La última vez que lo vi, iba cargando. Se había aumentado 8 cms. Al llegar a las bocacalles, en la Antigua, se hace un como hundimiento. Conforme avanzaba, Esvin iba subiendo el hombro y tapando el espacio con la otra mano, para no dar color de que no llegaba. En el mero centro, Esvin ya no llegaba ni con la shola. Le iba a hacer una foto, pero el hijueputa se metio debajo del andas y se puso a recoger frutas de la alfombra, haciéndose pasar uno de esos patojos. ¿Cabrón, no? Ése era Esvin. ¿Por qué les cuento esto? Pues porque si esto es religión, yo soy Dadi Yanqui. ¿Cómo podemos ser tan suelas y no reconocer que, en el 90% de los casos, esta época es más folclor y tradición (por no querer decir: buen ambiente y chingadera), que otra cosa? Es así, muchá. El mulamalteco todo lo vuelve fiesta, todo es chupe, todo es chingadera. Verano 2008 con desvergues en el puerto y pisadas en tanga al ritmo de Tego Calderón o del ya mítico grupo Rana. Patrocinadores: Gallo Nuestra Cerveza y Ron Botrán. Venado Sello de Oro Especial a la retaguardia, con gente cul bailando en piscinas y ese logo cerote de cabeza de venado en las espaldas desnudas. Concursos de alfombras con jugosos premios. Turnos pagados para cargar enfrente de tu casa. ¿Negocio? Pisados guaquiados, amaneciendo en los parques, todavía con la túnica puesta. Raves full-droga en Pana, rock n’ roll y gringas dispuestas a abrirles las patas a exóticos morenitos con dotes de venderores ambulantes o predicadores, digo, por la casaca que se echan. AHHHHHHHH… la lista es larga, muchá. Rex sabe muy bien de lo que habla y ustedes también. Aquí, las pajas shucas al baño. Si quieren convencerme de que MIENTO o de que estoy EQUIVOCADO, invéntense una buena casaca (como la de Rocky 6) y sorpréndanme.
¡Cómo extraño la Antigua, muchá, por la vida de las putas!
La imagen la tomé prestadita de www.es.wikipedia.org. Me ‘biera gustado una de Rudy Girón, pero a lo mejor aquél se enoja.