
¿Usté es panameño, verdá?, me preguntó un don que venía conmigo en el avión y, en vez de meterle un talegazo por ridículo, le dije: Yo soy Rex, Rex Mamey. Con esa “contestación”, aterricé en el cordial y remodelado Ariopuerto mulamalteco, me llené de hormigas el hocico por imitar al Papa besando la tierra que me vio nacer un día, me puse una mi gorra, unos mis lentes oscuros y salí haciéndome toda clase de bestia para despistar a los fotoreporteros de Nuestro Día que se habían enterado de mi arribo y se estaban peliando por una instantánea. Sólo por no ser culero con esos muertos de hambre, me paré e hice como que me amarraba los rieles, para que me vieran. Y empezaron a caer los flashazos, pues. Tienen buen ojo los pisados, pensé. Pero no. La onda era que detrás de mí venía un tal Fabiolita, de La Academia. Con casaca, saqué mi celular e hice como que llamaba mientras la patoja pasaba y los flashazos se iban con ella. Para mí mejor. Eso sí, no pude evitar verla bien y darme cuenta de que está riquita la pisada. Pero lo importante no era un culito famoso sino que por fin, luego de un par de años gobernando desde Mulaña, había regresado a Mulamala y, aunque sabía que tenía que asistir a un vergazal de eventos y actos oficiales, lo único que quería era empezar a poner orden en cuestiones de logística y suministros para celebrarlo. Ya estoy aquí cerotes. Un sms con múltiples destinatarios: Castillo, Botrán, Gran Joch, Tuco, Lipe, Rigo, Richi y un vergo de elementos más.
El tiempo no me cundió como yo quería, pero en un mes y medio pasó un poco de todo. No quisiera hacer alarde de ni mierda, pero bueno, ahí les van algunas de las actividades y reconocimientos en donde el nombre de Rex Mamey ondeó en alto y vibró en más de algún corazoncito: Doctor Honoris Causa en Grado Ultra por Guaqueros Anónimos y la Fundación Rex Buitre Mayor (el día del acto uno de los meseros tuvo la osadía de pedirme que abandonara el recinto debido a los no pocos adornos estomago-biliares que tuve a bien expulsar a petición de los presentes, lo que desencadenó una justa trifulca con resultados favorables para mi persona y no tanto para el susodicho); Orden del Coche Vitalicio y de las Gloriosas Pocilgas y Bebederos por la Cofradía de los Santos Mulamaltecos, friens an famili (dado que el denominador común de mi estacia fue el alcohol y sus derivados y, aunque no tengo el mismo aguante que algunos de mis prójimo-broders de Las Grandes Ligas, el pueblo mulamalteco se pronunció y lo consideró así, dándome un ejemplo de civismo y de cariño que me hizo un nudo en la garganta y me sacó un par de lágrimas. ¿Así cómo putas iba a negarme? Me vi en la obligación de aceptarlo con mucho orgullo y con la frente sudada en alto); Mulamalteco Insigne y Distinguido de las Malas Artes, Muladas y Ridiculeces por los Señores de El Mero Chonguengue (aunque sólo pude juntarme con dos de sus honorables miembros, la emoción fue grande, los guaros efusivos y la cuenta a pagar un cacho elevada, pero puta, los impuestos de los mulamaltecos son los que pagan, así que me van a disculpar pero había que aprovechar; además, había que celebrar que, aunque yo iba vestido de Alfredito —greña afro y toda la onda—, Güilson, un pisado que estaba en el mismo lugar, me reconoció y se acercó, de la mano de su señora esposa, para saludarme y pedirme un autógrafo; me prometió enmarcarlo y ser el primero en comprar la edición impresa de El Muladar, cuando saliera; incluso me dijo que podía conseguir patrocinio: tengo unos cuates que les va bien con una su cadena de carnicerías en toda la Bolivar y la Aguilar Batres, me contó; los tuve que invitar a su güisquilazo).
Además de la Premiación del Concurso El Muladar es así, ¿y?, en donde tuve a bien conocer e intercambiar puntos de vista con algunos de los asistentes (la mayoría mulafans y bolos de rigor) y acabar seriamente perjudicado por los excesos alcohólicos (¿?), fui invitado a bautizos, entregas de niños, quinciaños (mi habilidá para sobornar impidió que me agarraran de mula para que saliera de chambelán), fin de posaditas, acabos de novena, churrascos, alegres quermeses, baratillos, bendiciones de casas, chiniques, cuarenta días, zafarranchos, graduación de comadronas, ensambles de marimba, limpias, inauguraciones de “puntos” y “mataderos”, aperturas de pacas, velorios y entierros, confirmaciones, casorios, etcétera… rico todo, la verdá. Eso sí, no quise reunirme con Colom porque para qué. El pobre está ahí y órale, no le queda de otra. No tenemos nada en común. ¿De qué íbamos a hablar? ¿De “Poder”? En lugar de eso, preferí a los cuates de toda la vida. Y la pasamos diagüevo. Disfruté, más por el asombro que otra cosa, de frases como: ¿Sabés a quién le quebraron el culo? ¿Adiviná quién se fue a caldo, vos? ¿Ni te imaginás quien se fue horrible? ¿Te contaron que aquel pisado que vivía ahí por donde… apareció muerto hace como quince días? Una tarde entera de esquelas en boca de mis cuates. El Obituario Informativo. Y entonces caí en la cuenta de que mi MULAMALA se estaba perdiendo del mapa hueco y estaba dejando que saliera otro territorio, uno más culero: GUATEBALAS.
Y aquí es donde se me revuelve el estómago, muchá. Aquí es donde la sensación de asco se me acumula en la jeta y me dan ganas de echar hasta lo que no me he hartado. Es una mezcla de asco, rabia y lástima, como cuando pensás en el Congreso, en la partida de mierdas que nos han gobernado desde hace años y que andan por ahí como si ni mierda o en la chavita que siempre nos rechazó y ahora anda con algún narco, dándole el culo a los cuates del pisado y a quien la carrocee en un Mercedes del año. Guatebalas es una selva pisada en donde cualquier salvaje hijodeputa hace lo que le sale del culo, en donde la vida vale verga. ¿En qué momento se les pudo meter a la cabeza a estos cavernícolas de mierda que hay que andar por ahí como si estuvieran en una lica de Estiven Sigal? ¡No están en una lica, pisados! Yo tengo mis soluciones, muchá, pero por respeto a la Comunidá Internacional, me las voa reservar. Talvez más adelantito. Como ven, tratando de recordar mi viaje a Mulamala y viendo cómo están las cosas (la ola de violencia ya parece tsunami esa mierda), sólo me sale decir: ¡pa’ qué vergas!, y hasta se me que quitan las ganas de escribir muladas. Por hoy, eso es todo. Lástima que Estalón ya está viejo, si no lo contrataba. ¡Simplemente no hay respetación! Mal sabor de boca, la verdá.