
Volar güevo, como muy curiosamente decimos y que no tiene ni verga que ver con volar barrilete, es uno de los más ricos placeres carnales que existen (aparte de chupar, cuajar y cagar), díganme si no. Los mulamaltecos tenemos fama de mosquitas muertas, mojigatos y santurrones, pero ésa es una de las casacas más grandes que hay en nuestra "inmaculada" (ajá, si pues) sociedá, por no decir suciedá. El territorio nacional siempre ha estado y está cundido de chimones, chimonas, putas, putos, cerdas libidinosas y marranos pervertidos. La mara, aunque se diga lo contrario, no le atina. ¿De dónde putas sale tanto chirís pisado? (miren la tasa de natalidá del 2000, por ejemplo) Según sé, en Mulamala, zopes sí, pero cigüeñas como que nel, ¿o sí? ¿Por qué ni bien acabado los básicos las ixtas ya andan en valija? Según me han contado, en algunos pueblitos la mara no le hace feo ni a las gallinas ni a las cabras ni a las yegüas ni a las vacas. Nuevo eslogan para playeritas, cachuchas y propaganda del INGUAT: Mulamala, el país de la eterna chimadera. ¿Será vos Rex atol?, me dice Richi. Algo así, Richi, pero ya que estamos hablando de grandes casacas, hay que decir que a la par de toda esa mara que le gusta el zoque y que no dejan pasar una para encaramarse, está la partida de mierdas fanfarrones que se anda inventando cada paja sobre sus “relaciones sexo-genitales” (bonito palabro, Rex), o como ellos dicen: hazañas, proezas, hombradas... Ahora que lo pienso, creo que el problema no es tanto la mentira sino la exageración pisada. Ayer me cogí a la Mirna (paja, pero qué pisados, se acepta como cualquier otra). Ayer eché un par de palitos con la Mirna, en la mera noche le di pa' su dulces a la prima y acabé enmotelado con la suegra (exageración, respectiva sacada de madre y un efusivo “pelame la verga” en do mayor cantadito).
Igual que con el chupe, aquí la mara mientras más casacas cuente, mejor posicionada va a quedar frente a los cuates. Entre el extenso surtido de invenciones y pajas shucas que circulan en reuniones íntimas, cantinas y bares de mala muerte tenemos: me ‘bieras visto, cerote, yo dándole duro como media hora y naranjas, la pisada me tuvo que rogar que mejor parara porque ya había acabado seis veces (dos en el carro, sólo dediándola) y yo ni en cuenta (macho-cabrío-dador-de-placer-insuperable; maestro de salsa tipo latin lovel, pendejo chimagringas o chapín por antonomasia); ja, yo a la Yanet la puse de culumbrón y le metí todo el puño, le mié la cara, le di un par de cinchazos, me hizo un rusa, me chupó los coyoles y le atolié la cara tres veces seguidas… a ella y a la hermana, que nos estaba güashando (porno-macho declarado, víctima de lo que jamás dejará su mújer ni su cashpiana que les haga en la puta vida); la canche aquea de allá, ésa de pelo largo que está con aquel gordo, la pisada de rojo que acaba de entrar, la que se acaba de levantar al baño, aquea que está en la barra a la par de la de minifalda, la vieja que me acaba de hacer ojitos, la que acaba de pasar cabal ahorita con… (macho papito-yo-me-he-cogido-a-medio-mundo, incluyendo a la Miss Jocotes de turno y a la Anyelina, una vez que vino a Mulamala; ex-alumno del Adolfo Jol); a esa tu casera la dejé con la boca abierta y la cuchara escalda, vos; la muy golosa no podía soltarse de este animalote, jejeje, ¡y como apenas si le encanta hablar por micrófono! (machito-falaz-con-síndrome-de-pijudo; se pajea frente al espejo del ropero y se rasura alrededor para que sus 10 cms. de güineíto tieso parezcan la novena maravilla) Y los ejemplos abundan, muchá, como zompopos de mayo en un patio de tierra o bolsas de plástico y gérmenes en los yacusis de Las Aguas Calientes.
Eso sí, si creemos que esta onda es sólo a nivel masculino, estamos pisados, porque también las reinitas tienen sus ataques de vanagloria y endiosamiento, aunque en menos escala. Sí, la liberación sexual femenina llegó tarde, pero las chimaderas empezaron mucho antes de que Pepita Granados encarretara a las nenas a que abrieran las patas con confianza y disfrutaran de un buen nabo. O sea que aquí la onda es pareja, pues, y a la verga las distinciones. Las pisadas, aunque rebuznen y se hagan las muy quietas, también colaboran. ¡Si no, imagínense el índice de violaciones cerotes! Eso de ay, no, cómo va a creer usté, ya quedó en el olvido y, aunque en el fondo impere el amor (la mayoría buscan eso, hay que ser claros), a las pisadas también les gusta pegarse sus revolcones de vez en cuando y de ahí contárselo a sus cuatas mientras se pintan las uñas, modelan camisones o se toman un su cafecito por ahí por el Centro. Que si el Pancho pa’ qué vergas, que ni bien me la había metido ya había acabado; que si Pancho tiene una lengua como que es culebrita eléctrica esa mierda y le fascina lamerme la cuchara; que si anoche se la chupé a Pancho y me dio un cacho de basca; que si el sábado lo hicimos cinco veces con Pancho porque mis tatas andaban en bautizo en Xela; que si Pancho me insinuó que le gustaría un trío con la Fernanda, aquea cuata que es medio zafada; que si el Pancho la tiene más gorda que el Pollo y se esmera más en tocarme y acariciarme; que si al fin convencí a Pancho para que me dejara meterle el dedo en el culo; que si me encanta que Pancho me atolee las tetas y hasta estoy pensando decirle que pruebe en mi cara; que si Pancho me encontró dediándome con la foto de una chava que creo que me gusta; que si ayer me dieron ganas de que Pancho me la metiera por detrás pero de ahí no quise; que si…
Al menos, las cerotas no exageran tanto, ahora que lo veo. Bueno, eso digo yo, pero a saber pueblo. O sea, yo del mundo femenino conozco poco. Me gustaba ver Candy y Quinceañera, pero para comprender a fondo todo el teje y maneje psico-sexual de las muchachas, ahí si nel, pa’ qué meterme en camisa de once varas, ¡ja, por mula! De todos modos, lectoras del Muladar hay, así que si se avientan a compartir sus aventuras (reales o no) con todos los patanotes que andamos vagando por aquí, buenísima onda. Hagan de cuenta que están en AA y listo. Hagan como Kafka y digan: Me llamo K y me gusta darle de mamar a mi cocker. ¡Quién va a saber que son ustedes! Compartir es un valor que se está perdiendo en la actualidá y, igual que hicieron con el Pato Pock, hay que conservarlo. Si quieren compartir un cacho más que una simple experiencia, bienvenido sea, seguro que mis apreciados lectores no rebuznarán y se pondrán a su disposición sin ningún inconveniente, los muy perros hijos de puta. Ahora lo que es y viene siendo Rex no, porque ya está amarrado, así que no se hagan ilusiones.
Me despido, pues. Y recuerden “no hay bien que por mal no venga”.
Rex Pipudo (no tenía internet y estaba ciego; el internet ha vuelto, Rex ve de nuevo la estrella al final del camino… ¿Texaco?)