
Por más irónico, ridículo, extremista e inverosímil que se oiga, uno de los males que más perjuicio le hacen al ser humano es el trabajo. En Mulamala muchos chambiamos por pura necesidá, porque no nos queda diotra. Hay que hinchar los güevos todas las putas mañanas para salir de nuestro catre y a ¡darle a la rutina, pues! Sin pisto, no hay chelas, estrenos de ropita, escapaditas al Puerto ni peluches para nuestro(a) “peor es nada”. Entonces nos dejamos esclavizar para que otros se hagan ricos, nos dejamos explotar y no somos capaces de decir ni pío. Bueno, y si decimos algo, nos mandan a hacer sho y punto. Pero es que… ¡Sho testoy diciendo! Y nuestra vida se reduce a salarios pura mierda, jefes pura mierda, compañeros imbéciles y compañeras "adefesios". Más de diez horas perdidas de nuestro tiempo. No vos Rex, es que así es esta onda, hay que progresar y sacar al país adelante. Eso mismo le decían a mi abuelo hace un pijo de años y ahora, cuando veo como está la onda en Mulamala, me da la sensación de que si “hacer lo que se nos dé la gana” es progreso, pues nos deberían dar un trofeíto, diploma y pistío incluído. Como comprenderán, a mí esa falacia del progreso y del chance como que no muy muy. Tengo que chambiar porque ni modo; si no, como mierda, literalmente. Mulita soy, sin duda. Pero bueno, no me voa poner socialón, muchá, no se crean. A Marx lo confundo con Groucho, con Richar y con un chocolate pisado. De la lucha de clases, me acuerdo de una vez que los de Tercero A le dimos una verguiada en fut a los de Quinto B. En fin, imagínense si me pongo a hablar del proletariado, de Octubre (¿un grupo de rock, no?), de la burguesía (¿los chavos que cuando era güiro llevaban Yiorllio Bruttini o Esperri Top Saider?)…
Cuando pienso en esto, se me viene a la ñola una de las aficiones típicas del mulamalteco de clase media (¿?): conseguir un chance en una oficina (entiéndase: contador, informático, secretaria, ventanilla de banco, recepcionista, aprendíz de güizache o cualquier puesto hueco de esos) en un edificio de más de doce pisos y mejor si es en alguna zona no tan pisada de la capital. Con eso ¡ya pues!, suficiente para creerse la viva mierda. Ahí van en las burras o en sus carros de segunda, con gelatina hasta en los pelos del culo, su bigotío bien recortadito, sus tacuches de siempre, sus ventiúnicas corbatas y sus locioncitas chafas, caqueriando el anillote pisado ese de graduación que NO entiendo pa’ qué putas sirve, como si fueran unas eminencias los culeros, y creyendo que el resto NO somos ni mierda. Si te ven a vos con algo de greña y barba, pantalón de lona y tenis, piensan que sos un parásito y si son tus cuates, entre casaca y casaca, te dejan ir el vergazo de que hay que madurar, mano; si no, ¿cuándo? Empiezan a usar palabras que antes no usaban, como finiquito, proactivo y a corto plazo. Ya no salen a la esquina de la cuadra, ni a la Plazuela, ni al Quiosco. Se olvidan de salir a ver partidos de basquet o echarse un cigarrito en las gradas de la Muni o en la banqueta de la casa de Nayo. Eso, los pisados. Ahora… ¡las chavas! ¡Ja! ¡Ahí mejor ni entrar en detalles, papaíto! Sin ofender a lo presente, dos o tres post de estos del Muladar se quedarían cortos para exponer de qué pata cojean tus amores. ¡¿Cuándo una pisadita de ésas en minifalda, fufurufa, empliada de alguna empresita dizque importante se va a fijar en vos?! Mejor ni voltiarlas a ver, váa vos Rex, porque ni pedos te tiran, me dice Pancho. Nunca mejor dicho, le digo yo, a menos que te bajés de un BM y en el culo se te note el bulto de la billetera, mejor si con unas cuantas Visas dentro. Pero ¡ah!, de eso aí hablamos otro día.
Pero lo pior, y aquí es onde quiero hacer lo que es un énfasis de esos buenos, lo pior es que —volviendo a los pisados— poco a poco cambian a sus cuates de toda la vida, a sus amigos desde chirices, a sus cuasi-broders por… ¡sus compañeros de trabajo! ¡Faltaba más! Al salir del chance quedan para irse a echar un taquito o una cervecita onde la Nía Nela… ¿A qué, digo yo? ¿A qué? ¡A HABLAR DEL CHANCE! ¡Patética esa mierda! ¿Qué de bueno puede salir de una puta oficina? ¡Chime gratis!, me grita Pancho. Archirequetecontrasabido, le digo yo. Pero a parte de quemarle el pan a tu traida o a tu señora… ¿alguna otra mierda más que unos quetzalitos no puedan cubrir? ¿En qué cabeza cabe ir a chambiar puro burro todos los días sólo para HACER AMIGOS? Al chance se va por pisto, cerotes, ¡nada más! Si estás en una oficina mientras leés esto, echale un ojo a tu compañero más cercano. ¿Ya? Va, ahora ponete a pensar esto: con él tramás todos los días y salís a chingar los fines de semana. Perfecto. ¿Qué creés que pasaría si a él le aumentan el sueldo y a vos no? ¿Creés que te diría: no te agüevés, viejo, a fin de mes partimos vaca? ¿Creés que a la hora de un camote te diría: mano, si te echan a vos, me voa a la verga yo también? Pues si lo creés, estás pisado, compadre. Sólo un 2% de las estadísticas avalan que así sea. ¿Ahora entienden por qué me cae en la verga esa mierda del trabajo? No sólo nos quita a nuestros cuates de toda la vida sino que nos lava el coco haciéndonos creer esa mierda del “nivel social” y del “compañerismo” y del “crecimiento personal”. ¡MA-MA-DAS! La mayoría de estos pisados se morirían sin ir a sus oficinas porque, incluso, lo hacen para escapar de sus casas, de sus hijos, de sus parejas. Yo, como ya dije, lo hago por billete. Pero como reconozco mi debilidá por la vagancia y por la comodidá de mi sillón-cama, me doy el lujo de decir, cada vez que puedo, ¡que chambeen los mulitas!, aunque luego ande prestando bamba y viendo quién me patrocine.
NOTA: Señor Superintendente de la SAT, ¡que facture la vieja y que pague impuestos su abuelita en pelota! NUESTRO POCO PISTO ES PARA JUGAR FUTÍO Y PARA CHELA. Y, bueno, sí, para irle pagando a nuestros tatas el pistarrajal que les debemos. Con cariño, Pancho.
Foto cortesía de mis cuatazines estos de Guguel Imágenes.