
Juan sale de su casa, a pelársela, como siempre. Se va a las vecindades, a incomodar a los vecinos, a ver si lo invitan a almorzar; o a la casa de algún su cuate, a ver si le saca aunque sea una chelita o un par de chancuacos. O si no, a ver culitos al Parque. ¿Su verdadero pasatiempo? Chorriar a la mara, sea quien sea. Imposible hablar como la gente con el hijuesesentamil de Juan, me dice su padrastro, que ya’stá hasta la mierda de que lo chorree. Hágale güevos don Pedro, le digo yo, ¿quién lo manda a usté a meterse con doña Patro, pues? Don Pedro pela la mazorca y me manda a ver si está lloviendo en la esquina. Hablando con él estoy, cuando cae Juan, pues. Bienvenido a mi humilde morada, vos, me dice. Ya metí los litros a la refri, le contesto. La cara entre la miel de abeja queda chula, grita. Si querés, saco a pasiar al chucho, sigo yo de indio. Seguro que tu hermana me echa de menos, agrega. Pero si sólo pedos es, le digo yo. Y así seguimos un buen rato, hasta que don Píter nos manda a hacer sho y yo le digo a Juan que mejor jalemos. Orita vengo, dice el cerote, sólo vuir a trer unos jocotes aquí onde este Pablo. El viejo lo mira extrañado y le pregunta, ¿qué Pablo? Juan se tapa el hocico con la mano y entre los dedos deja escapar algo que se puede entender como: el que te coge en un establo. Luego me mete un codazo y, mientras don Píter suelta un ¿ah?, me dice: tu amor ya no muy oye. Yo no digo nada y salimos. Afuera, me le quedo viendo con cara de “mírense a este mula, pues” y le saco la madre. Chorro más mierda ése; ya ni los ixtos de primaria lo usan, cerote, le digo. Vos porque no sabés ni mierda, me dice, para chorriar hay niveles y, como mi padrastro ya’stá mero viernes, pues hay que usar chorros de antes, ¿me entendés? Le vuelvo a sacar la madre. Vos decí que sí, cerote, ja ja ja. Y jalamos para el Parque, a ver a si hay algún mulita por ahí que nos patrocine algo para el pecho.
Juan va a cumplir treinta en mayo y, hasta donde yo sé, no hace ni pura verga. O sea, llegó hasta sexto primaria y ya. Empezó a chambiar en talleres de carpintería y de mecánica. Medio la hizo de ayudante de albañil y de fundidor. Estuvo de botones en un hotel, se fue dos años a los USA, regresó, puso una cevichería, quebró, anduvo de chofer de burras, de taxista, de tuctuquero y hasta hoy, que como ya dije, full parásito, esperando que la situación nacional mejore. Cuando veo a Juan, veo al típico cerote que jamás ha necesitado de un libro ni de un cartón para colgar en la sala. Pero al mismo tiempo veo a un hijo de puta bien hecho, cabrón para un montón de babosadas y, sobre todo, con una agilidá mental de la gran diabla. ¡El pisao te chorrea hasta cinco veces y ni te das cuenta! A todo, a todo, hasta lo más impensable le saca albur, el hijoepuma. Todo puede tener doble sentido. A cualquier palabra pisada le saca la connotación sexual, el talega, y cuando sentís, YA TE METIÓ EN CLAVOS. Y como él, hay miles de pisados. Es parte de “ser mulamalteco como Dios manda”. ¡Podemos estar comiendo mierda, pero lo jocoso no nos lo quita nadie! Juan bien podría limpiarse el culo con Velorio y humillar a cualquier Rey Feo sancarlista, pero le da igual a tu tío. Es un chorriador nato. «Leche, plátano, cuchillo, monte, teclas, atol, chuchos, vieja, petate, embutido, pelos, cubiertos, polvo, huevos, mollete, pozo, Carmen, miércoles, Pedro, lechuga, nabo, chiquito, Óscar, república, pulga, chile, trasto, patas, caldo, anillo…» son sólo una pequeñísima muestra de las palabras que NO se pueden decir cuando uno casaquea con Juan, porque ya'stuvo que nos fuimos finos. Es así. Juan Chorro, le dije de cariño cuando nos despedimos. Te voy a echar mucho de menos, me contestó y, acto seguido, me somató la espalda, también de cariño.
Y yo me vine. Y aquél se quedó. Y hace dos días me enteré de que pasó a mejor vida. Por eso mismo y, como un sencillo homenaje de mi PARTE, les propongo a todos y a todas ustedes, banda local, que si les da la gana comentar en este post, lo hagan tal como lo ‘biera hecho Juan Chorro; o sea, ¡echando uno! La mecánica es sencilla, dijo Pedro Cofiño. No, ya en serio. La mecánica es sencilla: yo voa iniciar comentando con una frase peculiar y ustedes tienen que ver cómo putas se las ingenian para seguir la onda, o sea, el chorro, pues. Pueden agregar lo que quieran, pero siempre que tenga relación con la anterior. ¿Me explico? Eso sí, ¡a la verga las vulgaridades y los chorros de primaria! Yo sé que entre los lectores hay canela fina. ¡No por algo somos mulamaltecos, pues! Bueno, pilas pues, a ver qué tal sale la onda. ¡Creatividá, ante todo!
Juan va a cumplir treinta en mayo y, hasta donde yo sé, no hace ni pura verga. O sea, llegó hasta sexto primaria y ya. Empezó a chambiar en talleres de carpintería y de mecánica. Medio la hizo de ayudante de albañil y de fundidor. Estuvo de botones en un hotel, se fue dos años a los USA, regresó, puso una cevichería, quebró, anduvo de chofer de burras, de taxista, de tuctuquero y hasta hoy, que como ya dije, full parásito, esperando que la situación nacional mejore. Cuando veo a Juan, veo al típico cerote que jamás ha necesitado de un libro ni de un cartón para colgar en la sala. Pero al mismo tiempo veo a un hijo de puta bien hecho, cabrón para un montón de babosadas y, sobre todo, con una agilidá mental de la gran diabla. ¡El pisao te chorrea hasta cinco veces y ni te das cuenta! A todo, a todo, hasta lo más impensable le saca albur, el hijoepuma. Todo puede tener doble sentido. A cualquier palabra pisada le saca la connotación sexual, el talega, y cuando sentís, YA TE METIÓ EN CLAVOS. Y como él, hay miles de pisados. Es parte de “ser mulamalteco como Dios manda”. ¡Podemos estar comiendo mierda, pero lo jocoso no nos lo quita nadie! Juan bien podría limpiarse el culo con Velorio y humillar a cualquier Rey Feo sancarlista, pero le da igual a tu tío. Es un chorriador nato. «Leche, plátano, cuchillo, monte, teclas, atol, chuchos, vieja, petate, embutido, pelos, cubiertos, polvo, huevos, mollete, pozo, Carmen, miércoles, Pedro, lechuga, nabo, chiquito, Óscar, república, pulga, chile, trasto, patas, caldo, anillo…» son sólo una pequeñísima muestra de las palabras que NO se pueden decir cuando uno casaquea con Juan, porque ya'stuvo que nos fuimos finos. Es así. Juan Chorro, le dije de cariño cuando nos despedimos. Te voy a echar mucho de menos, me contestó y, acto seguido, me somató la espalda, también de cariño.
Y yo me vine. Y aquél se quedó. Y hace dos días me enteré de que pasó a mejor vida. Por eso mismo y, como un sencillo homenaje de mi PARTE, les propongo a todos y a todas ustedes, banda local, que si les da la gana comentar en este post, lo hagan tal como lo ‘biera hecho Juan Chorro; o sea, ¡echando uno! La mecánica es sencilla, dijo Pedro Cofiño. No, ya en serio. La mecánica es sencilla: yo voa iniciar comentando con una frase peculiar y ustedes tienen que ver cómo putas se las ingenian para seguir la onda, o sea, el chorro, pues. Pueden agregar lo que quieran, pero siempre que tenga relación con la anterior. ¿Me explico? Eso sí, ¡a la verga las vulgaridades y los chorros de primaria! Yo sé que entre los lectores hay canela fina. ¡No por algo somos mulamaltecos, pues! Bueno, pilas pues, a ver qué tal sale la onda. ¡Creatividá, ante todo!
Pd. Si vos, lector, lectora o curioso no identificado, no querés participar de este homenaje, no te agüevés, lo entenderemos, especialmente si sos yik o tonti-friqui-nerd. Pero eso sí, que nada te impida dejar tu comentario o cagarte de la risa, si querés, pues, o sea. ¡Bienvenidos sean también nuestros herm-anos latinoameric-anos! ¡Los veo más tarde!
Foto cortesía de www.markarina.com