
A Tito, un mi cuate, le cae en la verga que uno no sea como él. Aquél es buena onda, pero siempre anda buscando que uno le diga sí a todo lo que dice o piensa. Pobre, no sé qué me da, pero es que llega un momento en el que saca de onda. Cuando empieza a hablar de política, por ejemplo, quiere que uno tenga una posición definida, como él. Lo mismo pasa con el deporte, la religión, la literatura, la comida, el arte, la filosofía, las tradiciones, las chavas, etcétera, etcétera… El cerote ni a putas entiende que siendo radical no va a llegar a ningún lado (si es que ese “lado” existe). Ser radical no me conviene, vos, le digo, pero el indio mierda insiste. Ya con sus tragos acaba diciéndome que no sólo frívolo sino un pajerazo. A mí me da igual si tiene razón o no. A estas alturas de mi vida ya no estoy para andar justificándome ante nadie. Y lo que pasa es que a mí, simple y sencillamente, me interesan menos babosadas de las que muchos se imaginan. El mundo es complejo, a veces como un tetunte de caca cundido de moscas, muchá, lo digo con entusiasmo. No hace falta ser un engasado para darse cuenta de tanta desigualdá, de tanta descomposición, de tanta falsedá, de tanto fanatismo, de tanta estupidez, de tantas injusticias. Pero en fin, Tito quiere “creer” en algo y quiere que todos sepan que él “cree” en algo. Es el típico cerote que siempre se sienta hasta adelante, que siempre opina, que siempre pregunta, que siempre quiere “ir”, “estar” y “pertenecer”, que siempre tiene algo que decir, que tiene que andar metido en toda mierda, que a puro güevo tiene que dejar claro que sus ideas son la mera verguería, etcétera, etcétera…
Ayer cabal me llamó y luego de casaquiar cinco minutos paré diciéndole: Tito, ¿sabés qué?, mejor tu puta madre… y colgué. Después me llamó Nerón para decirme que pura mierda yo, que Tito andaba dolido, que la gran puta. A éste no pude mandarlo a la verga porque está galán el hijueputa y en una de ésas me zorzolea. Hoy me llamó la Teli para contarme que Tito andaba diciendo que lo que pasaba era que yo no sabía ni pura mierda y que por eso nunca quería opinar ni tomar partido de nada. Pero si tengo un blog y ahí opino, le dije yo. Tito dice que esa tu mierda es para mamones que sólo te siguen la corriente, me contestó la pisada. Va, buena onda, pues, le dije y colgué. Reconozco que me masqué un cacho, sobre todo porque aqueos son cuates y se supone que entre cuates la verdá no se dice, porque duele. Pero a mí me dolió poco, de veras, menos que cuando mi papá me arrancaba un diente flojo. Tienen razón, pero tampoco que exageren, me dije mientras hacía gárgaras de Listerine. O sea, si alguna vez no opino, no siempre es porque no sepa, sino porque simplemente no me da la puta gana opinar. Si no pregunto no es porque ya lo sepa todo, sino porque simplemente no me da la puta gana saber. A veces no quiero “ir”, me da asco “estar” y aborrezco “pertenecer”, así de simple. Cuando no tengo nada que decir no es porque no quiera compartir, sino porque prefiero hacer sho. Y así, sucesivamente, muchá… ¿acaso a ustedes nos le pasa la misma mierda? Y es que si uno dice cutusa, por ponerles un simbólico y pequeño ejemplo, luego luego sale alguien con ¿por qué esa palabra tan no sé qué, vos?, ¿no que muy letrado, pues? Hace unos días, por ponerles otro ejemplo, leía un ímeil de un mi conocido que acaba de enterarse de la existencia del Muladar y que decía: felicitaciones, vos, se ve que dominás la onda; lo malo es que no tratás temas de interés general ni de actualidá (…) ¿Qué pensás de Chávez, de la Franja de Gaza, de las pruebas nucleares, de Ríos Montt, del turismo sexual?
Pues pienso mucho al respecto, muchá, de veras, pero eso a la mara que le pele la verga. No me gusta ser de los pisados que creen que su opinión es valiosa; casi siempre sé que lo que digo no tiene ni una pizca de importancia. ¿Por qué pues vos Rex?, me pregunta Salomón. Porque soy Rex, compadre, por eso, le respondo con todo y talegazo en la mula incluido. Rex no opina, Rex juzga. Rex no propone, Rex critica. Rex no construye, Rex ridiculiza. Rex no hace conciencia, Rex se burla. Rex no participa, Rex señala. Rex no contribuye, Rex satiriza. Rex no aclara, Rex confunde. Salomón por fin entiende. ¿Ya?, le preguntó. Simón, simón, ahí dejémoslo, y se va a la verga. Antes de que abra la puerta, le grito: ¡Salo, prestame algo de pisto! Y el cara de culo me contesta: ¡Que te lo preste tu madre! Luego del portazo, me pregunto: ¿Qué repisados tiene que ver la mamá de uno en todo esto? ¡Ah, maña más mierda la de estarnos sacando la madre! Pero bueno, la cosa es que el Muladar no es para mierdas serias e importantes. Es para m-u-l-a-d-a-s y no para m-a-m-a-d-a-s. Eso que quede claro. Ahora bien, si alguno de ustedes quiere saber algo, digamos, más personal o serio sobre mí o sobre lo que pienso, no haga lo mismo que Tito, no insista, ¡es mejor conformarse, hombre! Lo que hay en el Muladar es lo que soy y lo que me define, no hay más que decir. Pero si se les mete la indiada, pregúntenme lo que se les ronque el culo, pues, LO QUE SEA, y yo voa ver qué putas contesto, así, en plan buena onda, como cuates. ¡Aprovechen pues, pisados, hoy que ando medio de buenas! Aunque diunavez se los digo: yo no soy la Pipiripau ni mucho menos.
Pd. ¡Desde hoy a la quinta mierda los comentarios “anónimos”, muchá! Así que por favor, si quieren ser tomados en cuenta, dejen su nombre de pila, su apellido de lavadero o su apodo de letrina. Tenquiu beri moch.
Ayer cabal me llamó y luego de casaquiar cinco minutos paré diciéndole: Tito, ¿sabés qué?, mejor tu puta madre… y colgué. Después me llamó Nerón para decirme que pura mierda yo, que Tito andaba dolido, que la gran puta. A éste no pude mandarlo a la verga porque está galán el hijueputa y en una de ésas me zorzolea. Hoy me llamó la Teli para contarme que Tito andaba diciendo que lo que pasaba era que yo no sabía ni pura mierda y que por eso nunca quería opinar ni tomar partido de nada. Pero si tengo un blog y ahí opino, le dije yo. Tito dice que esa tu mierda es para mamones que sólo te siguen la corriente, me contestó la pisada. Va, buena onda, pues, le dije y colgué. Reconozco que me masqué un cacho, sobre todo porque aqueos son cuates y se supone que entre cuates la verdá no se dice, porque duele. Pero a mí me dolió poco, de veras, menos que cuando mi papá me arrancaba un diente flojo. Tienen razón, pero tampoco que exageren, me dije mientras hacía gárgaras de Listerine. O sea, si alguna vez no opino, no siempre es porque no sepa, sino porque simplemente no me da la puta gana opinar. Si no pregunto no es porque ya lo sepa todo, sino porque simplemente no me da la puta gana saber. A veces no quiero “ir”, me da asco “estar” y aborrezco “pertenecer”, así de simple. Cuando no tengo nada que decir no es porque no quiera compartir, sino porque prefiero hacer sho. Y así, sucesivamente, muchá… ¿acaso a ustedes nos le pasa la misma mierda? Y es que si uno dice cutusa, por ponerles un simbólico y pequeño ejemplo, luego luego sale alguien con ¿por qué esa palabra tan no sé qué, vos?, ¿no que muy letrado, pues? Hace unos días, por ponerles otro ejemplo, leía un ímeil de un mi conocido que acaba de enterarse de la existencia del Muladar y que decía: felicitaciones, vos, se ve que dominás la onda; lo malo es que no tratás temas de interés general ni de actualidá (…) ¿Qué pensás de Chávez, de la Franja de Gaza, de las pruebas nucleares, de Ríos Montt, del turismo sexual?
Pues pienso mucho al respecto, muchá, de veras, pero eso a la mara que le pele la verga. No me gusta ser de los pisados que creen que su opinión es valiosa; casi siempre sé que lo que digo no tiene ni una pizca de importancia. ¿Por qué pues vos Rex?, me pregunta Salomón. Porque soy Rex, compadre, por eso, le respondo con todo y talegazo en la mula incluido. Rex no opina, Rex juzga. Rex no propone, Rex critica. Rex no construye, Rex ridiculiza. Rex no hace conciencia, Rex se burla. Rex no participa, Rex señala. Rex no contribuye, Rex satiriza. Rex no aclara, Rex confunde. Salomón por fin entiende. ¿Ya?, le preguntó. Simón, simón, ahí dejémoslo, y se va a la verga. Antes de que abra la puerta, le grito: ¡Salo, prestame algo de pisto! Y el cara de culo me contesta: ¡Que te lo preste tu madre! Luego del portazo, me pregunto: ¿Qué repisados tiene que ver la mamá de uno en todo esto? ¡Ah, maña más mierda la de estarnos sacando la madre! Pero bueno, la cosa es que el Muladar no es para mierdas serias e importantes. Es para m-u-l-a-d-a-s y no para m-a-m-a-d-a-s. Eso que quede claro. Ahora bien, si alguno de ustedes quiere saber algo, digamos, más personal o serio sobre mí o sobre lo que pienso, no haga lo mismo que Tito, no insista, ¡es mejor conformarse, hombre! Lo que hay en el Muladar es lo que soy y lo que me define, no hay más que decir. Pero si se les mete la indiada, pregúntenme lo que se les ronque el culo, pues, LO QUE SEA, y yo voa ver qué putas contesto, así, en plan buena onda, como cuates. ¡Aprovechen pues, pisados, hoy que ando medio de buenas! Aunque diunavez se los digo: yo no soy la Pipiripau ni mucho menos.
Pd. ¡Desde hoy a la quinta mierda los comentarios “anónimos”, muchá! Así que por favor, si quieren ser tomados en cuenta, dejen su nombre de pila, su apellido de lavadero o su apodo de letrina. Tenquiu beri moch.